28 10 / 2011

nomade:

poemas primaverales.

PC 1 
boricua hot
 
te escuchaba en silencio
eras todo labios carnosos
labios rosas arrugados
jugando con mis dedos
fantaseaba con un sexo
zarpado en desenfreno


PC 2
mortal kombat

pruebo con vos mi nuevo poder
se activa…

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28 10 / 2011

Primavera en la casita de Nazca

Primavera en la casita de Nazca

15 10 / 2011

Sobre Las Horas. Una escena. Un breve texto.

Una mujer —madre y esposa— cocina una torta. Son los años que siguieron a la guerra. Todo está calmo en los EE. UU. Afuera de la casa, el sol de California tiñe la escena de tonos cálidos. Adentro no, esa casa podría estar en otra parte. El pastel de esa casa es negro y azul. La mujer, uno lo ve, lo siente, también. “Happy birthday, Dan”. La familia, unida, comerá esa torta por la tarde, cuando Dan vuelva de trabajar pero el espectador no lo sabe. Lo que el espectador sabe —y Dan no sabrá— es que hubo otra torta que terminó en la basura. Este será el segundo intento, de la torta y de su mujer.

En la escena hay un niño que observa. Es el hijo. Comprende que ese día no habrá siesta ni tampoco habrá más calma. El niño será poeta. La madre lee a otra poeta. Pero lee una novela. La poeta fue una suicida, el hijo será un suicida. La madre será una condenada a la cobardía y tendrá que soportar esa segunda oportunidad de darse a sí misma a la vida. Permanecer. Huir. Ser culpable. El paraíso perdido y el infierno encontrado. La mujer, por un momento, cree que comprende: pasa las hojas de la novela, la cierra, abre botiquines, selecciona frascos y pastillas, agarra a su niñito del brazo y sale. Los frascos tintinean superponiéndose al piano que acompaña el quiebre de la psiquis de esa mujer. El niño no puede escuchar el piano, pero escucha los frascos. Gira y mira. El niño sufre; la mujer sufre. Minucias de lo cotidiano. Elecciones o mandatos del género. Le gustaría ser Mrs. Dalloway, Virginia Wolf o haber sido otra mujer.

Piensa en la solemnidad de darle un sentido a esa vida. La tragedia siempre da sentido. Ella fracasa. Una muerte trágica rompería la causalidad. Se muere como se vive. Jodete, bancatela. Bancate la torta y bancate ser torta. Sufrí, pero viva. Los árbitros no siempre tienen la culpa de los resultados. El ritmo vertigioso sólo será tuyo por un ratito. La tragedia no se elige. Te toca. El hijo será solemne y trágico. Romperá: las arquitecturas realizadas con rastris de pequeño, el corazón de una mujer de adulto y finalmente se romperá el crisma contra el piso de una Nueva York fría y otoñal. Moderna y coolta.

La tragedia de la vida o de la muerte es el leitmotiv musical de toda la película. La música —el arte por excelencia— reemplaza al lenguaje verbal. Lo precede, es el más —¿el único?— puro.

Las Horas habla en ese código.

El tempo por momentos promete que la tragedia siempre va a ganar la partida. Es el suspenso, el fluir de la conciencia de los personajes es musical. La música es el enlace, el nexo. Es la clave narrativa.

La música nos explica que nunca una causa es única.

Comprendemos que la mujer pretende ser poética, pero que sólo le quedará la vida; apenas un débil desvío del mandato. El tempo se detiene. La desesperación deviene queja y el ahogo entonces es una gran tontería. Sólo un sueño. Un afán de barroquismo berreta. No hay tragedia en el costumbrismo. Es el llanto mirando la tele, el brindis en Navidad, el abandono de Mrs. Dalloway por la mitad, una buena propina al botones y ocupar una habitación de hotel para ser condescendiente por un rato. No puedo, dice la protagonista acariciando con culpa su embarazo de ocho meses. Y la música, entonces, se calla.

09 10 / 2011

Así entra el sol en la casita de Nazca.

Así entra el sol en la casita de Nazca.

11 9 / 2011

Biutiful.

Hoy miré Biutiful y lloré como una condenada.

Y además, anoté esta frase.

Mi amor, eso que ves ahí no son las estrellas; es tu sistema nervioso”

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08 9 / 2011

El cartero tocó el timbre

…y Flannery está en la casita de Nazca.

El cartero tocó el timbre

…y Flannery está en la casita de Nazca.

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04 9 / 2011

EstudioPomodoro

Preparo un final [el último oral]. Literatura alemana. Domingo nublado y yo recuperándome de una gripe que me tuvo gran parte del jueves delirando con 39,5° de temperatura.

Los banderines del patio de la casita de Nazca apenas se mueven. No debe haber viento. En fin, tengo que hacer reposo. No puedo salir de mi casa. Me decidí a rendir lo que me falta y recibirme.

Leo Thomas Mann y leo sobre Thomas Mann porque esa es la práctica en puán. Uno lee a los escritores, lee la crítica y después saca sus propias conclusiones que en realidad no le importan a nadie.

Me detengo en un texto que me enseña algo nuevo que no tiene nada que ver con la literatura y que apenas tiene que ver con la literatura de Thomas Mann quien dice que “lo experimenté todo en tanto escribía y aprendí al mismo tiempo que el hombre no comienza a conocerse de otra manera que actuando”. Saquen sus conclusiones.

Pero no era esto a lo que yo atendí principalmente del texto. En otro lugar dice Th. M.  que la música fue un formante estilístico para su escritura y que la idea en la novela desempeña el papel de motivos musicales. Y dice lo siguiente “Ciertamente seguí a Wagner en el empleo del leitmotiv, que transporté a la narración”.

El tema es que siempre había pensado que el leitmotiv era algo propio -o nacido- de la escritura como un tema o una idea que aparecía una y otra vez en la obra de distintas maneras -el tema del ombligo del mundo, las personas y las naranjas es también un leitmotiv-. Hoy aprendí que no. Porque después leí lo siguiente:

“La palabra como tal, pertenece al lenguaje musical y fue creada por Hans Von Wolzongen para designar un motivo o un tema característico, destinado a representar una idea, un sentimiento, un suceso o un personajes mediante el recurso de su aparición periódica”.

Cuando terminé de leer esto pensé en tres cosas. Comprendí un poco mejor la frase de Mann sobre la tríada escritura-experiencia-acción; reafirmé que los alemanes no sé si lo inventaron todo -casi que, creo- pero siempre la tuvieron recontraclarísima y aprendí un dato nuevo que seguro me salva la vida en caso de ocurrir un siniestro.

Y porque al final -y sin ánimos justificatorios (sic)- uno detiene su atención en aquello que también aparece una y otra vez con distintos disfraces.

*Sonó el timbre de mi pomodoro*

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03 9 / 2011

Reencuentro con Mad Men.

Reencuentro con Mad Men.

(Source: anatomyofkisses, via negrobonaudo)

02 9 / 2011

bookporn:

Best cover ever for this book.

bookporn:

Best cover ever for this book.

(via uncuartito)

31 8 / 2011

Entrepomodoros

A veces, entre pomodoros sólo tengo tiempo de escribir una oración porque el resto de los cinco minutos los uso para espiar su TL.

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